Carta abierta a la cónsul de Venezuela en Curaçao Marisol Gutiérrez

Por Alfredo Limongi – Los venezolanos en Curaçao llevamos ya casi dos meses con el consulado cerrado por una mudanza que nunca se ha terminado de concretar.

Hace más o menos un mes, en un programa de opinión de la televisora local TV Direct, Marisol Gutiérrez, quien hasta que exista una nueva designación ocupa el cargo de cónsul de Venezuela ante el Gobierno de Curaçao, afirmó que el proceso de mudanza estaba en la «última fase».

¿Qué quiso decir la señora cónsul con «última fase»?

No hablamos de la mudanza de un edificio de varios pisos que amerite el esfuerzo de grandes equipos de personas por mucho tiempo. Tampoco hablamos del traslado de un complejo laboratorio que requiera estrictos cronogramas o personal especializado. Nos referimos a la mudanza de un número que va entre diez y quince escritorios con sus respectivos equipos de computación. Hablamos de reconectar dos, o tal vez tres, sistemas. De acomodar algunos estantes.

¿Cuánto tiempo puede tomar todo eso?

Existe una experiencia previa que fue la mudanza del mismo consulado desde las oficinas del Banco Industrial en Punda hacia la anterior sede en Scharlooweg. Ese trabajo se llevó a cabo en los primeros días de enero del año 2009 y se hizo enteramente durante un fin de semana. Ni por un solo día se desatendió el servicio que, por ley, están obligados a prestar.

Cuando la cónsul de Venezuela en Curaçao Marisol Gutiérrez dice «última fase», tal vez debemos entender nosotros «última prioridad». Pues no existe ninguna evidencia que indique que la atención de los problemas de los venezolanos en Curaçao sea importante para ella ni para su equipo.

Mientras tanto, decenas de venezolanos no pueden renovar sus pasaportes y corren el riesgo de perder su estatus legal en la isla. Más de treinta venezolanos recluidos en el llamado «barak di ilegal» se vieron obligados a organizar una huelga de hambre para llamar la atención de las autoridades locales sobre su situación de salud y su derecho al asilo. Al menos ocho venezolanas, no documentadas, se encuentran en la prisión de mujeres de Curaçao sin haber cometido delito alguno, porque no hay lugar para ellas en otros espacios de detención. Miles de venezolanos tratan de producir dinero para ayudar a sus familias en Venezuela, mientras escapan de la policía local cuando debieran ser protegidos por su condición de refugiados.

Pero a la cónsul de Venezuela nada de esto le quita el sueño. Su cargo le sirve para vivir tranquilamente en la Casa Bolívar. Lejos del trauma que viven sus compatriotas en las calles de Curaçao, pero más lejos aún del desastre que su gobierno ha generado en nuestro país.

Si nosotros no vamos a tener atención consular, usted tampoco debería tener el privilegio de disfrutar de la comodidad, ni de una seguridad, que están asociadas a una labor que no está desempeñando.

Señora cónsul Marisol Gutiérrez, los venezolanos que vivimos en Curaçao, en nuestra condición de patronos del cargo que usted ostenta, le pedimos abra el consulado de Venezuela en la isla, o regrese usted a vivir en Venezuela bajo las condiciones de miseria que su gobierno ha creado.

Texto original: https://alfredolimongi.blogspot.com/2019/04/marisol-gutierrez.html?m=1

NOTA: Las opiniones expresadas en artículos de opinión y remitidos en general, no necesariamente reflejan la opinión de Noticias Curazao. Cada autor es responsable por el contenido de sus artículos.

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