Dan primer paso para modernizar la Constitución Política de Cuba

LA HABANA – Cuando en 1976 se aprobó la constitución de Cuba, la Unión Soviética era el faro del comunismo mundial. Los cubanos no podían tener pequeños comercios, rentar sus casas a extranjeros o contratar empleados para sus pequeñas industrias y los homosexuales se ocultaban.

A lo largo de los últimos 10 años y a contracorriente de esa Constitución, se configuró un país diferente: se abrieron las puertas a una incipiente iniciativa privada y al mercado de bienes raíces, al tiempo que miles de personas ostentan orgullosas su doble ciudadanía -prohibida por la carta magna- y los derechos de la comunidad LGBT están en franco avance.

A la luz de estos acontecimientos el gobierno cubano y los diputados trabajan en la modificación de la ley fundamental para ponerla en sincronía con los nuevos tiempos, y el Consejo de Estado convocó el lunes a una sesión especial de la Asamblea del Poder Popular, el Parlamento, para comenzar los trabajos para una reforma.

Difunden líneas generales

Aunque aún no se cuenta con un borrador, ya se sabe algo de su contenido: por ejemplo, se reconocería la pequeña propiedad privada, se acortaría el mandato del presidente y se pondría un límite de edad para ejercer algunos cargos, al tiempo que activistas buscan lograr el reconocimiento de las uniones entre personas del mismo sexo.

Los anhelos por reformar la Constitución no sólo vienen del ámbito oficial.

“Cuba necesita cambiar su Constitución porque nuestra sociedad se ha transformado radicalmente en los últimos años, porque esa sociedad se ha ido haciendo trasnacional, porque las formas de propiedad se han diversificado, porque han nacido nuevo actores sociales”, dijo el politólogo Lenier González, del proyecto Cuba Posible.

Primer paso

Antes de entregar el poder, el exlíder del partido Comunista de Cuba, Raúl Castro, le encargó a su sucesor Miguel Díaz-Canel hacer cambios a la Carta Magna para modernizar el texto y adaptarlo a la nueva realidad política en la nación.

El proceso representaría la transición hacia una nueva forma de administración que es representada por Díaz-Canel, quien es el primer jefe del poder ejecutivo sin el apellido Castro. Sin embargo, los cambios no serían mayúsculos.

 

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