Tragedia de nadie

Por Alfredo Limongi – Un peñero repleto de jóvenes sale de un país destruido. Sus pasajeros, que buscan sobrevivir al hambre, a la delincuencia, a enfermedades que no deberían padecer, naufragan antes de llegar a su destino.

Algunos llegan a tierra firme. Otros mueren en el intento. Es una gran tragedia. Todos compartimos las fotos. Todos decimos frases bonitas. Todos lo sentimos profundamente.

Pero antes de finalizar el día la policía persigue a los sobrevivientes. Los cazan por tierra y por mar para entregárselos de vuelta al único culpable de la tragedia. Para devolverlos a sus madres frustrando sus esperanzas de salvarse de una crisis de la que no son culpables.

Todos compartimos las fotos. Todos decimos frases bonitas. A todos no duele, pero, ¿quién ayuda a las víctimas?

Ciertamente no las ayuda el consulado del país en desgracia. No tienen dinero para esas cosas. Hay fiestas oficiales que celebrar y el año apenas comienza.

No los ayuda el gobierno de la isla. Tampoco tienen dinero, ni puestos de trabajo para más gente, y si se les tiende una mano podrían perder el favor de los votantes.

Tampoco los ayuda el reino al que pertenece la isla. Tienen el dinero, sí. Pero hay ya bastantes refugiados en Europa como para atender a otros en el Caribe.

En sus portadas, todos los medios se conduelen. Los dirigentes hacen discursos solidarios y todos compartimos las fotos y decimos frases bonitas. Pero las víctimas, los fallecidos, los sobrevivientes y sus familiares, solo pueden huir de los gobernantes que debieran protegerlos. Cometieron el delito de querer sobrevivir y eso no es bien visto allá arriba.

No decidimos donde nacemos. Abrimos los ojos un día y nos encontramos con que somos holandeses, o haitianos, o chinos, o venezolanos. No decidimos nacer ricos o pobres. Tuvimos suerte si nuestros padres tuvieron educación, si tienen empleo. Cualquiera de nosotros pudo estar en ese barco. Solo podemos tomar lo que nos tocó vivir e intentar entregarles a nuestros hijos un mundo mejor. Para que ellos tengan suerte. Para que no naufraguen.

Tragedias como estas van a volver a pasar porque la tragedia no es el barco. Son los dirigentes que lo hacen posible. Son las instituciones que pudiendo hacer algo cierran sus puertas. Son los países que ven a los seres humanos a través de sus pasaportes.

Dejemos que sigan huyendo. Seamos solidarios y humanos al compartir las fotos. Al hacer los discursos. Pero a mi isla, a mi reino, a mi vecindario, no vengan.

NOTA: Las opiniones expresadas en artículos de opinión y remitidos en general, no necesariamente reflejan la opinión de Noticias Curazao. Cada autor es responsable por el contenido de sus artículos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Opinión y Columnas

Remita sus artículos a redaccion@noticiascurazao.com

La viveza destructiva

Por Daniel Collura - La conducta de muchos venezolanos que se encuentran en el exterior demuestra que nuestro país Venezuela...

El pozo sin fondo

Por Daniel Collura - Muchos acontecimientos recientes me han obligado a redactar estas notas que con mucha decepción escribo. Revisando...

La nueva seguridad financiera

Por Marie – Louise Schoop (Directora SBG – Accounting) - Estabilidad laboral y estabilidad financiera han sido sinónimas entre sí en las...

Invirtiendo en Curazao

Por Marie – Louise Schoop (Directora SBG – Accounting) - Curazao, un país miembro del Reino de los Países Bajos,...

Los venezolanos emigran o se mueren de hambre

Por Nelson Yores - Datos estadísticos sobre la situación que está viviendo Venezuela reflejan la grave situación en la que...